ZARAGOZA, BELCHITE Y EL RÍO PIEDRA


Llega el fin de curso y preparamos el último viaje de esta temporada que hacemos con el grupo liderado por Agustín, un viaje un poco agitado, porque en un principio se pensó ir a Zaragoza, pero cuando quedaba poco tiempo para salir nos avisan de que no quedan hoteles en todo Zaragoza para acoger a un grupo tan grande; así que, cambiamos de destino y nos proponen visitar Huesca y Jaca, y parece que tampoco quedan hoteles en esas ciudades, porque todos los colegios se han puesto de acuerdo para salir de viaje de fin de curso en la misma fecha que nosotros. Volvemos a cambiar de destino y Agustín piensa que podemos acercarnos a Los Arribes del Duero, pero allí tampoco hay hoteles, con tan buena suerte que, poco antes de salir, le avisan de que un grupo grande ha cancelado su estancia en el Hotel Exe Boston de Zaragoza, así que, al final, hacemos el viaje que se había pensado desde un principio.

Como en cada viaje, nos viene a recoger un taxi que en el día de hoy, 10 de junio, ocupamos Ubaldina, Rosi, Alberto y yo, y que nos acerca al punto de encuentro de siempre, en la calle Goya 26, recorrido que hacemos con un taxista amable y dicharachero.

Como no nos gusta llegar tarde, salimos con tiempo y estamos en este punto de reunión muy pronto, somos casi los primeros en llegar, pero se nos ha adelantado Josefina, que casi siempre es la primera en aparecer.

Cuando llega el autocar, a cuyo volante se encuentra Luis, nos subimos, nos acoplamos, Agustín pasa lista, esta vez sin mucho chiste, y a las 8:00 salimos rumbo a la carretera de Barcelona, nacional II. Es viernes y resulta que nos encontramos más atasco para salir de la ciudad del que vemos a los que van entrando desde Alcalá y alrededores.

Hacemos una pequeña parada en un área de servicio de la provincia de Soria para estirar las piernas y tomar el primer tentempié, con el resultado de que casi todos los bollos estaban secos o duros, menos la tarta de manzana que me he pedido yo, que estaba muy jugosa. Una suerte.

En este viaje, Agustín ha decidido no ponerse en el primer asiento, desde el que puede coger el micrófono y soltarse la melena monologuista; en este viaje ha decidido viajar en los asientos de atrás, y nada más atravesar la provincia de Zaragoza, se pone a cantar jotas. Muy apropiado.

El autocar nos deja muy cerca de la basílica del Pilar y allí mismo nos espera Pilar, la guía que nos va a acompañar hasta la hora de comer.

La estatua de César Augusto ante las murallas

Nuestra visita a la ciudad de Zaragoza comienza en los alrededores de la plaza César Augusto, en la se encuentran algunas ruinas romanas y Pilar nos comenta que la ciudad cuenta en la actualidad con unos 700.000 habitantes y que fue poblada por íberos, romanos y musulmanes. Después de contemplar la Torre de la Zuda, que es lo que queda del antiguo alcázar musulmán y junto a los restos de la antigua muralla romana, contemplamos una estatua de César Augusto, regalo del dictador Benito Mussolini a España hacia el año 1.940, igualita a la que vimos junto a las murallas de Tarragona. Y a pocos metros, el Mercado Central de Zaragoza o de Lanuza, con un bonito forjado art nouveau, que cuenta con 74 puestos en los que ofertan multitud de productos: frutas frescas, bacalao, carnes, flores, pescado, pollo, congelados, menuceles o artículos de casquería, etc.

El nombre de Zaragoza deriva de Caesar Augusta, nombre de la colonia que fundó César Augusto en el año 14 a.d.C., aunque se sabe que desde el siglo III a.d.C se situaba en esta misma zona una ciudad ibérica sedetana de nombre Salduie.

Zaragoza es una ciudad grande y aunque no dispone de metro, raro en una ciudad tan grande, sí dispone de un tranvía desde 2.011 que atraviesa la ciudad de norte a sur en unos 40 minutos. Tiene un recorrido de unos 12,8 kilómetros y dispone de 25 paradas.

La torre inclinada de la iglesia de San Juan de los Panetes

Antes de llegar a la emblemática plaza de El Pilar, muy próxima a la Torre de la Zuda, desde la que hay una bonita vista de la ciudad, y de las antiguas murallas, observamos una torre un poco inclinada que tiene problemas de cimentación por estar muy cerca del río, es la torre de la iglesia de San Juan de los Panetes, de estilo mudéjar del siglo XVI.

No podemos dejar de admirar, en la zona norte de la emblemática plaza del Pilar la Fuente de la Hispanidad, levantada como homenaje al descubrimiento de América en la que se adivina la silueta de América del sur, y situada en este lugar tras la remodelación que sufrió la plaza en 1.991. En esta España tan seca y con una primavera con poca lluvia, una fuente de la que mana tanta agua es una delicia para los sentidos.

Y llegamos a las puertas de la catedral-basílica de Nuestra Señora del Pilar, que es el templo barroco más grande de España. Se levanta sobre una antigua iglesia románica, y es en el siglo XVIII cuando se construye lo que se ve en la actualidad. Se muestran partes de estilo barroco, rococó y neoclásico, según las modas de los años de construcción.

Fuente de la Hispanidad en la plaza del Pilar

Esta basílica es una de las dos catedrales con las que cuenta la archidiócesis de Zaragoza; la otra es la que se conoce como La Seo del Salvador, situada a escasos metros de la anterior y una gran desconocida.

Zaragoza ha sido la primera ciudad en tener dos catedrales, la primera, la Seo del Salvador del siglo XII, de cuando el rey Alfonso el Batallador conquistó la ciudad y Nuestra Señora del Pilar, catedral desde 1.676.

La basílica del Pilar la forman dos iglesias, la grande y la pequeña, y es en esta última en donde se encuentra la virgen tan querida por la ciudad, y además, se conserva una columna de jaspe, un pilar, que según la leyenda, fue donde se le apareció la virgen al apóstol Santiago en el año 40 de nuestra era.

Desde fuera se pueden admirar las cuatro torres en las esquinas del templo: la de Santiago, levantada en 1.715 y la de Nuestra Señora del Pilar, levantada hacia 1.906, ambas dan a la plaza y las que dan al río son las de Santa Leonor y San Francisco de Borja, estas últimas llamadas así en honor del matrimonio Urzaiz-Sala, quienes fueron los impulsores y benefactores de la terminación de la basílica con la construcción de las dos últimas torres y a quienes se les concedió la medalla de oro de la ciudad en 1.961. Cada torre mide unos 92 metros.

La plaza del Pilar con las dos torres 

En total, la basílica del Pilar tardó en construirse más de 200 años, desde el siglo XVIII en que comienzan las obras, hasta 1.906 en que se levanta la última torre. En 1.904 fue declarada Monumento Nacional, aunque aun no estuviese terminada.

Junto con las cuatro torres llama la atención esas once cúpulas cubiertas con tejas tejas de colores verde, azul y amarillo, de influencia bizantina.

En el centro de la fachada de la basílica encontramos un relieve realizado por el escultor Pablo Serrano hacia 1.969 con el tema “La aparición de la virgen al apóstol Santiago y los convertidos” realizado en piedra caliza blanca que destaca sobre el gris de la piedra de la catedral, con objeto de darle a la fachada más luminosidad y romper la monotonía.

Dentro de la catedral, en lo que llaman la iglesia grande, contemplamos el coro, obra maestra del renacimiento, que sobrevivió a la reconstrucción del templo que se hizo en los siglos XVII y XVIII, y cuyo coste se debió en parte a la mano de doña Godina. También es notable el órgano, que cuenta con 6.250 tubos. El retablo del altar mayor, obra del escultor Damián Forment de principios del siglo XVI, es de alabastro policromado y de estilo gótico renacentista y nos cuenta detalles de la vida de Jesús: el nacimiento, la presentación de Jesús en el templo, la anunciación, la resurrección, etc. Y a los lados, las figuras de San Braulio, patrono de la Universidad y de Santiago apóstol, cuyas figuras cierran unas puertas que dan a unas escaleras que llegan hasta el segundo sagrario.

Indicación de la plaza


Algunas partes del techo de la basílica están decorados con frescos realizados por Francisco de Goya y de Bayeu, su cuñado. Parece ser que una de las cúpulas que pintó Goya no fue del gusto del señor obispo, por lo que le mandó que lo borrara; Goya no lo hizo y se fue de la basílica algo enfadado y sin terminar de pintar el resto de las cúpulas que le habían encargado, y que aun hoy, siguen como las dejó del genio aragonés. En la cripta de la basílica está enterrado el general Palafox, nacido en la ciudad en 1.775 y nombrado I duque de Zaragoza.

En cuanto a la iglesia pequeña, metida dentro de la iglesia grande, es obra de Ventura Rodríguez; tiene forma circular y está adornada con las banderas de los países de Hispanoamérica; en ella se encuentra la figura de la virgen del Pilar, una talla de madera dorada de sólo 36,5 centímetros, que descansa sobre una columna de jaspe, y cubierta siempre con un manto (tiene más de 600), que se cambia todas las noches del año, excepto los días dos (porque el 2 de enero llegó la virgen a Zaragoza), el doce (el 12 de octubre es el día en que se conmemora su fiesta principal) y veinte (20 de mayo es la fecha de la coronación canónica) de cada mes en que aparece la columna visible en toda su amplitud. Menos los días 2 de enero, 20 de mayo y 12 de octubre en que sí lleva manto. Situada a la derecha del templo, siempre ha estado en este sitio, nunca se ha movido. Solamente los niños antes de hacer la primera comunión y los obispos, pueden besar el manto de la virgen, por ser las personas más puras que entran a orar.

Se sabe que ya en el siglo XIV la virgen del Pilar llevaba manto, aunque el primero que se conserva es del siglo XVII.

Cinta bendecida de Nuestra Señora del Pilar

Los milagros que se le adjudican a la virgen del Pilar, son sobre todo, curación de enfermos, inválidos que vuelven a caminar y ciegos que vuelve a recobrar la vista. Hasta no hace mucho, se dejaba el manto de la virgen a los enfermos que creían en su poder para poder sanar. Ya no se hace, pero como los tiempos cambian, ahora la basílica vende unas cintas de colores bendecidas, que hacen las veces de manto de la virgen.

Además de su colección de mantos, la virgen tiene también una colección de coronas, que se han ido haciendo a lo largo de los siglos con las donaciones de joyas que le ofrecen sus devotos; luego se funden y con ello se elabora la corona. Actualmente dispone de diez coronas, aunque solamente se alternan dos de ellas.

Al lado de la talla de la virgen podemos ver un relieve de ángeles señalando a la virgen y a la izquierda del templo, la figura de Santiago apóstol.

En los muros de la iglesia pequeña todavía se pueden ver los restos de dos bombas que cayeron el 3 de agosto de 1.936 sobre la basílica al principio de la guerra civil española, pero que no llegaron a explotar.

Parte de la fachada del ayuntamiento, La lonja y la Seo

Salimos de la basílica del Pilar llenos de barroco y neoclasicismo, para seguir admirando la plaza; pasamos por la puerta del Ayuntamiento, que es el edificio colindante a la basílica, con dos esculturas del aragonés Pablo Gargallo en la puerta, quien cuenta con un museo en la ciudad.

En la misma plaza del Pilar, frente a la La Lonja, observamos una escultura en homenaje al gran pintor aragonés Francisco de Goya en lo alto de un pedestal, obra de Federico Marés del año 1.960, al que acompañan dos figuras goyescas típicas del siglo XVIII. Como curiosidad, comentar que los restos de Francisco de Goya reposan en Madrid, en la ermita de San Antonio de la Florida, junto a su amigo Martín Miguel de Goicoechea.

Figuras goyescas que acompañan la escultura de Goya

Entramos un momento en La Lonja, edificio civil del siglo XVI de estilo renacentista con toques del mudéjar aragonés, destinado en su tiempo a actividades comerciales, y hoy sala de exposiciones del Ayuntamiento; podemos admirar esas ocho bonitas columnas anilladas que terminan sujetando una bóveda de crucería estrellada, con forma de palmera y conformando figuras de flores con cada unión de las ramas. El interior se ilumina con unos ventanales situados muy en lo alto con relación al suelo; el exterior está construido en ladrillo de clara influencia mudéjar.

A continuación entramos en La Seo del Salvador en su Epifanía, la catedral de la ciudad, que se encuentra muy cerca de la basílica del Pilar. 

La diferencia entre una catedral y una basílica, es que en la catedral tiene su sede el obispo y su cabildo, y por lo tanto, desde el punto de vista eclesiástico es más importante que la basílica. En Zaragoza, la sede del obispo se divide entre las dos catedrales.

Interior de La Lonja

La Seo del Salvador está construida sobre el foro romano, sobre una iglesia visigoda y sobre una antigua mezquita y en ella se mezclan los estilos románico, gótico, mudéjar, renacentista, barroco y neoclásico. La Seo del Salvador fue la primera catedral cristiana de la ciudad.

Esta catedral fue fundada por el rey Alfonso I el Batallador en el año 1.140 aunque en los siglos posteriores sufrió grandes reformas y ampliaciones.

En el exterior del templo, no hay que dejar de admirar el espléndido muro mudéjar situada a la izquierda de la puerta de entrada o su torre barroca del siglo XVII. La Seo de Zaragoza fue incluida dentro de la declaración Patrimonio Mundial que la UNESCO concedió al mudéjar de Aragón en 2.001 y Bien de Interés Cultural en España el 3 de junio de 1.931.

En el interior de La Seo podemos admirar las capillas laterales que compran las familias adineradas de la ciudad como lugar de descanso tras el fallecimiento de sus propietarios. Así, contemplamos la capilla de Santiago, bajo columnas torsas y muy barroco; o la capilla de San Vicente Mártir, santo nacido en Huesca en el siglo III, siempre representado con la rueda de molino como símbolo del milagro, que dice la leyenda fue arrojado al mar atado a una rueda de molino y ésta flotó y lo devolvió a la costa sano y salvo; o la capilla de San Marcos, extrañamente negra, y dejada así por los administradores de la catedral para que se vea el antes y el después de su rehabilitación, toda tiznada de negro de la combustión de cirios y velas; o las capillas de San Benito de Nursia, o la de San Bernardo de Claraval, figuras claves del císter, ambas mandadas construir por Hernando de Aragón, nieto de Fernando el Católico, quien tomó los hábitos del císter, y se reservó aquí un espacio para su eterno descanso, su madre y sus sirvientes.

Fachada lateral de La Seo

Entre las capillas de la nave de la epístola de La Seo de Zaragoza se encuentra la de San Valero, patrón de la ciudad, obispo de la ciudad entre los siglos III y IV; o las capillas de los santos San Miguel, San Rafael y San Gabriel, mandada construir por Gabriel Zaporta, que fue un judío converso, comerciante del siglo XVI y banquero de la ciudad, y en donde reposan sus restos; o la capilla de Santo Dominguito del Val, patrón de los “infanticos”; o la capilla de San Agustín; o la capilla de San Pedro Arbués, que fue un canónigo de la catedral e inquisidor, asesinado delante del coro del templo en 1.485, y después declarado mártir.

Detalle del techo y columna de La Seo

En el centro del templo se sitúa el coro construido en el siglo XV en madera de roble.

El retablo del altar Mayor está dedicado a la Epifanía, la Transfiguración y la Ascensión; aparecen las figuras de los santos Valero, Lorenzo y Vicente mártir. Fue tallado en estilo gótico entre los años 1.434 y 1.480 por escultores alemanes, `por eso las figuras representadas son todas rubias.

Terminada la visita al templo, nos acercamos hasta el museo de tapices, que aunque cuenta con pocos elementos, todos ellos de los siglos XV, XVI y XVII, son de gran calidad artística; algunos de ellos de gran tamaño. Pertenecen a la escuela de Tournai, Arrás y de Bruselas, sobre todo. Un buen tapiz puede llegar a costar 12.000 euros el metro cuadrado.

Toca comer, y el sitio elegido no puede ser más encantador; se trata del restaurante Tres Mares, con vistas al río Ebro y al Puente de Piedra. Nos sirven salmorejo con jamón un poco tostado, tomate cherry y medio huevo de codorniz, de segundo carrilleras con salsa de trufa y puré de patata y de postre milhojas. Todo exquisito con una vista sin igual.

El viejo Puente de Piedra visto desde el restaurante

Terminada la comida y tras la consiguiente sesión de fotos con el río y el viejo puente de Piedra detrás de nosotros, reanudamos la visita a Zaragoza cambiando de guía. Parece ser que Pilar ha tenido un problema familiar y se ha tenido que ir y en esta tarde nos va a acompañar Carmen.

Callejeando por el casco histórico de Zaragoza, que es el segundo más grande de España, después del de Ávila, nos acercamos hasta el Museo del Rosario de Cristal, situado en la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, en la plaza de San Pedro Nolasco. El 13 de octubre de cada año y desde 1.890, procesionan por la noche unas 300 piezas de cristal, entre las que se incluyen farolas, estandartes y carrozas, representando cada una de las partes del rosario: Misterios, que cuenta con 15 carrozas, Padrenuestros, Avemarías, Glorias y La Letanía, que cuenta con 63 estrellas. Las farolas representan los distintos misterios: gozosos, dolorosos, y gloriosos y se incluye un nuevo misterio, el luminoso, añadido por el papa Juan Pablo II. Entre las obras en cristal de los misterios que procesionan, muchas cedidas por instituciones como el antiguo Ministerio de Marina o la Diócesis de Toledo, cabe destacar el de La Hispanidad y la de la basílica del Pilar, que la componen unas 130.000 piezas de cristal.

La basílica de la virgen del Pilar en cristal

Una curiosidad que encierra la ciudad de Zaragoza es que existe un museo de papiroflexia u origami, situado en la plaza de San Agustín número 2, que conserva obras de artistas internacionales y en donde se muestra una clasificación de las diferentes formas de plegado que se conocen. El origami es un tipo de papiroflexia de origen japonés que conlleva una serie de restricciones y es que no admite cortes en el papel, por ejemplo.

Después de la vista al museo del Cristal del Rosario, Carmen nos cuenta que en la guerra de la Independencia contra los franceses, Zaragoza fue prácticamente destruida, de 78.000 habitantes con los que contaba, sólo quedaron unos 17.000. Fue una de las ciudades más castigadas en esta guerra.

Nos acercamos hasta el anfiteatro romano, construido en el siglo I d.d.C., en la época del emperador Tiberio, enclavado en medio de la ciudad. Tenía un aforo de unos 6.000 espectadores, es el más grande de España y el único que tiene una fosa bajo el escenario. A lo largo de los siglos, las ciudades se han ido levantando sobre las ruinas de distintas épocas, y sobre este teatro se levantaron distintos edificios modernos; en los últimos años, el ayuntamiento de Zaragoza ha comprado algunas edificaciones para poder tirarlas, indemnizando a sus propietarios, con el gran gasto que conlleva este proceso, para poder ampliar el espacio que ocupa este gran teatro y las ruinas de los alrededores, para su conservación.

El anfiteatro romano de Zaragoza

En el siglo III este teatro y otras partes de la muralla romana son destruidos para poder utilizar la piedra y levantar una muralla ante el avance inminente de las hordas visigodas.

Después de la visita a este magnífica teatro romano pasamos por la puerta de la pastelería más antigua de la ciudad, llamada Fantoba Hermanos, abierta desde 1.856, situada en la calle de Jaime I n.º 21. Siempre es interesante reconocer estos lugares emblemáticos de las ciudades e intentar degustar alguna de sus delicias, por ejemplo La trenza de la Virgen, un dulce elaborado con una base que parece de hojaldre y coronado con almendras, nueces y pasas; o los marinos, que es un canuto de pasta de almendra relleno de nata o trufa; por desgracia el tiempo apretado de la visita no nos permite pararnos y comprar para probar ningún dulce.

Después nos acercamos otra vez hasta la plaza de La Seo, en cuyo subsuelo se encuentra el Museo del Foro de Caesaraugusta, y cuyo exterior está construido con placas de ónice de Irán. Fue inaugurado en el año 1.995 y nos muestran restos arqueológicos, de una antigua tubería, lo que eran las antiguas cloacas de la época de Augusto y Tiberio, lo que llegó a ser el foro y la zona comercial, al ser la zona que estaba más cerca del río.

Restos de la antigua cloaca bajo el suelo de La Seo

Terminada la visita que nos han preparado en Zaragoza, tenemos unos minutos que aprovechamos para acercarnos a la tienda dela basílica del Pilar para comprar esas cintas que han sido bendecidas y que se ofrecen a los enfermos en sustitución del manto de la virgen. Yo compro tres, una azul, una roja y una amarilla.

Volvemos al autocar que nos acercará hasta el hotel Exe Boston en donde dormiremos dos noches. Subimos a las habitaciones una vez repartidas las llaves y el viaje me tiene deparada una sorpresa desagradable. La maleta, que tiene un código numérico en la cerradura, no quiere abrir; así que bajo a recepción para que alguien de mantenimiento fuerce la cerradura y la pueda abrir. Dicho y hecho, un encargado, destornillador en mano, salta la cerradura y ya puedo hacer uso de mis objetos personales. Una faena aunque nada serio.

Una curiosidad que nos cuenta Carmen de la provincia de Zaragoza es que exporta el 85% de todo el alabastro a escala mundial. Lo que significa, que algún recuerdo que hayamos adquirido en, pongamos por caso, El Cairo, ha podido ser hecho en alguna localidad de Zaragoza. El alabastro, por ser translúcido y con su genuino veteado, puede ser utilizado en la elaboración de cristales para ventanas de algunas edificaciones.

En la actualidad habitan en la ciudad de Zaragoza unos 30.000 jóvenes, bien estudiantes universitarios, bien militares iniciando su carrera, que tienen como punto de referencia esa zona que se llama el Tubo, que está situada dentro del casco histórico de la ciudad, que ofrece comida y bebida por un módico precio.

Emblema de la pastelería Fantoba

Nos vamos a cenar y es que Antonio ha reservado mesa en un restaurante de un amigo suyo, en el restaurante Windsor, situado en la calle del Coso n.º 127. Un sitio muy recomendable, ambientado con una decoración con algún toque de tipo oriental y que sirven comida también de estilo oriental. El amigo de Antonio, como buen anfitrión, nos saca una estupenda botella de vino blanco y nos cuenta que la cristalera que separa el local de la calle está construido de una vez. Nos acomodamos en una mesa redonda que tiene una plataforma que da vueltas para que todos los comensales alcancen los platos a compartir. Así preparados, pedimos unas gyozas de pato a la naranja sin vinagre de arroz para que el sabor se muestre en todo su esplendor, le sigue un delicado pan bao relleno de calamar; un arroz chaufa estilo Perú, que es un arroz frito con verduras y pollo; un exquisito chorizo blanco, croquetas de kimchi, gambas de cristal de Cádiz con huevo por encima y por último una pieza de lomo bajo a la plancha. El anfitrión nos ofrece como fin de cena que probemos dos clases de queso de oveja, uno de Catarrubia, de Castilla y León y otro de la zona de Murcia, de San Javier. Exquisitos, no sabría decir cuál de los dos me gustó más. Y como guinda de la cena un delicioso helado de mojito a compartir.

Interior del coqueto restaurante Windsor

Nos vamos andando dando un paseo hasta el hotel y nos encontramos con otra parte del grupo cultural sentados en una terraza tomando un refresco; nos quedamos un rato, para después recogernos, tras un día intenso.

Después de un buen desayuno, a las 9,15 de la mañana del sábado 11 de junio nos ponemos en camino hacia un pueblo con mucha historia, Belchite, donde se desarrolló una de las batallas más cruentas e importantes de la guerra civil española.

En el recorrido hacia Belchite, de la que la separan 49 kilómetros de Zaragoza, por toda la carretera nacional encontramos nidos de cigüeñas en casi todos los postes eléctricos.

En el día de hoy nuestro guía será Jorge, profesor de historia y francés, simpático y dicharachero, que nos hará el viaje muy ameno, sin olvidar la vena monologuista que destapa Agustín, cuando compara el cuarto de baño del hotel de Zaragoza con el de Oviedo, este último obra de Calatrava, solo apto para gentes con estudios en edificaciones modernas.

Cartel que anuncia el pueblo de Belchite viejo

La visita a la destruida Belchite la hacemos con Pilar, descendiente directa de algún lugareño o lugareña que luchó en la localidad durante la guerra. Intenta contarnos la historia tal como fue, sin entrar en discrepancias ni alabar a un bando ni satanizar al otro. Belchite, cruce de caminos, fue el centro del frente de Aragón en la guerra civil española y cuando termina la contienda, Franco, vencedor, decide dejar el pueblo tal como quedó como imagen y símbolo de lo que la parte perdedora hizo con el país, porque fue la aviación republicana la causante de los bombardeos y por lo tanto, del destrozo, la ruina y ele horror que contemplamos en sus calles desiertas y abandonadas
.

Cuando termina la guerra y con el pueblo totalmente destruido, se decidió construir un pueblo nuevo, el nuevo Belchite al lado del viejo Belchite, en el que hasta 1.964 vivió gente, para que pudiesen vivir allí todas las personas que habían perdido sus viviendas. En la actualidad viven unas 1.600 personas en este nuevo Belchite.

El Belchite viejo está cerrado desde hace unos 8 años, y solo se puede visitar con reserva. Y puede que sea una necesidad el poder preservar esta parte de la historia de España para librarla de vándalos, grafitis y demás arte pseudomoderno, con lo que podría perder toda su singularidad. Aun sobre esas ruinas tan impactantes y que tanto sobrecogen, se puede apreciar el misterio y la unión que confluye entre el mudéjar y el barroco.

Calle Mayor de la vieja Belchite en la actualidad

Entramos por el Arco de la Villa, que da entrada a la calle Mayor, ruinas a derecha e izquierda, cascotes, casas con las ventanas reventadas por las bombas, silencio, desasosiego,  sólo las palabras de Pilar.

Cuando las tropas de Franco se levantan contra el gobierno, había en Belchite un alcalde socialista, Mariano Castillo Carrasco y cuando estalla la guerra, solamente un 5% de la población tenía unas ideas políticas claras. Por eso, todos los hombres que entraron en la contienda fueron captados en bares y fábricas, y el de mejor oratoria, era el que más y mejor convencía a los parroquianos. Es cuando las huestes falangistas se pasean por todos los pueblos de la zona deponiendo a todos los alcaldes y cargos electos de izquierdas, o bien fusilándolos. Así murieron familias de republicanos, campesinos, alcaldes, maestros,....

Tomada Belchite por los falangistas, los republicanos quisieron conquistar el pueblo para abrir el camino hacia Zaragoza, siendo apoyados por unos 20.000 combatientes de las brigadas internacionales. En el pueblo se habían concentrado unos 7.000 combatientes sublevados en torno al nuevo alcalde Alfonso Trallero.

Cartel de "Prohibida la blasfemia" sobre el Arco de la Villa

Pero el día 25 de agosto de 1.937, con ese calor achicharrante del verano aragonés, las tropas republicanas ocupan la estación de ferrocarril, el día 26 la población ya estaba cercada y con las tropas franquistas preparadas para resistir el asedio. El día 31 los republicanos llegaron hasta la fábrica de aceite y luego bombardeó la población desde su posición de Cabezo o Vértice del Lobo, a 4 kilómetros de la localidad. El 3 y 4 de septiembre se luchaba casa por casa que permitían la huida y poco a poco fueron cayendo los últimos afectos al bando nacional. El día 5 fue tomada la iglesia de San Martín y entre los días 5 y 6 los últimos combatientes sublevados intentaron huir, logrando cruzar las líneas republicanas unos 300, de los que 80 llegaron a Zaragoza.

La llamada batalla de Belchite se desarrolló entre el 26 de agosto y el 6 de septiembre de 1.937, en la ofensiva del ejército popular sobre Zaragoza, batalla sangrienta que se desarrolló casa por casa, con casas conectadas entre sí a través de las bodegas, y en la que hubo más de 5.000 muertos por parte de ambos bandos. En el año 1.938 las tropas franquistas logran arrebatar el pueblo a los republicanos.

Belchite un pueblo relativamente grande, que contaba con unos 3.800 habitantes en aquella época, tenía las calles lo suficientemente estrechas para que por ellas no pudiese entrar un tanque.

Lo que fue el Banco Zaragozano

Pilar nos fue contando los chismes de la vieja Belchite, sus dos mentideros, el de invierno y el de verano en la fuente del pueblo; de la Jimena, que era la criticona del pueblo; o de las hermanas Antonia y Paulina que murieron en un bombardeo y algo pasó con ellas que Pilar contó a Agustín y a algunos más, pero que muchos nos quedamos sin conocer; incluso yo pedí que me lo contara más tarde, pero no lo hizo. Una pena, porque me imagino a las hermanas hablando entre ellas en esas famosas psicofonías fantasmales que han hecho famosa a la villa.

Torre de la iglesia de San Agustín del Belchite viejo

Pasamos por lo que fue una casa palaciega, la casa de Los Ochoa, por los dos casinos con los que contaba el pueblo. Hacemos una pequeña parada bajo la sombra de la Torre del Reloj de estilo mudéjar, frente a la Cruz de Los Caídos, y es aquí donde Pilar nos cuenta la historia de su familia, de cuando su abuela tuvo que huir del pueblo con sus hijos, y en el camino cae herida su hija Josefina, a la que tienen que dejar abandonada porque la creen muerta y para poder salvarse los demás. Unos militares republicanos la recogen y se la llevan a un hospital cercano en donde se recupera y al oír hablar a alguien de Belchite, ella se identifica y al poco llega a oídos de su madre de que su hija está viva. La niña herida es la tía Josefina de Pilar, ya muy mayor.

Cuando nos acercamos a El Trujal, Carmen Gallo tiene un pequeño tropiezo y las compañeras enfermeras la tienen que hacer una cura de urgencia. Menos mal que entre todos encontramos agua, gasas y vendas. Y mientras curan a Carmen es cuando la guía cuenta la historia de las hermanas Antonia y Paulina. El Trujal, antiguo molino de aceite, es el monumento levantado en Belchite en honor a todos los caídos, los de ambos bandos, en el que se cree hay enterrados unos 300 cuerpos, a los que no se pudo dar sepultura en su momento por la sangrienta batalla y el calor sofocante de aquel triste verano y que había que retirar rápidamente de las calles para evitar enfermedades.

Intuimos lo que queda de la plaza, la fuente, el bar en donde se reunían los mozos, la casa de La Domi, modista, una de las más ricas del pueblo, ayudados por fotos antiguas que nos muestran cómo era el pueblo antes de la guerra.

El grupo cultural de Agustín en la entrada de la iglesia de San Martín

Visitamos los restos de la iglesia de San Martín, en donde resuenan las coplas de Natalio Baquero, nacido el 1 de septiembre de 1.937 en plena batalla de Belchite, el autor de la copla que todavía figura en la puerta de esta iglesia y que dice así: “Pueblo viejo de Belchite, ya no te rondan zagales, ya no se oirán las jotas que cantaban nuestros padres”; la iglesia de San Agustín, a la que no se puede acceder por peligro de derrumbe, pero que se rodó una escena de la película el Laberinto del Fauno, y en donde todavía se puede ve un proyectil lanzado por el ejército republicano incrustado en una pared aun sin detonar.

Proyectil sin detonar en la iglesia de San Agustín

Dicen que Belchite es la zona en la que más psicofonías del mundo se escuchan; dicen que son las voces y lamentos de las 5.000 personas muertas en la batalla del mismo nombre. Tal vez se oiga a las hermanas Antonia y Paulina conversar o maldecir; para ello podría ser interesante apuntarse a una visita guiada nocturna por este rincón de Aragón y comprobarlo.

Tengo la sensación de que Pilar, nuestra guía, había repetido tantas veces la historia de Belchite y la batalla, que ya supone que la gente sabe más de lo que realmente sabe, y da por supuesto que el público que la escucha entiende lo que dice o deja entrever. Pero yo, cuando salí de la visita, no sabía quien era quien, qué bando tomó el pueblo, quien lo bombardeó, quien estaba en Cabezo del Lobo, qué contendiente había situado un francotirador en la ventana que hay justo en el Arco de la Villa. Yo salí de esta visita bastante decepcionada, sin saber más de la guerra civil de lo que ya sabía, o sea, muy poco, quién atacaba y quién resistía, qué pasó en e frente del Ebro... 

Puede que los guías de Belchite sólo traten de hablar de los horrores e la guerra, sin entrar en valoraciones, solo hechos objetivos; pero creo muy importante saber en este contexto histórico quien era quien. Para hacer este relato he tenido que recurrir a páginas de historia para entender qué es lo que realmente pasó.

Arco de la Villa, entrada a Belchite viejo

Terminada la visita al impactante Belchite viejo nos acercamos a un centro de interpretación de la guerra civil en el Belchite Nuevo, en donde personas muy mayores nos cuentan cómo vivieron la contienda; incluye también una sala de exposición de mantones y vestidos de la jotera Carmen Cortés, que aunque nació en Barcelona, su madre era natural de Belchite, o la sala de Gigantes y Cabezudos.

Colección de vestidos y mantones de Carmen Cortés

Cuando salimos del Belchite viejo observamos una inscripción que habla del pueblo francés de Oradour sur Glane, hermanado con el aragonés por haber sufrido también la destrucción total del pueblo durante la segunda guerra mundial, y que nos hablan ambos de los desastres de la guerra, del horror y del sufrimiento inútil.

Dejamos atrás Belchite, el vieja y el nueva, el horror de la guerra, la esperanza y la reconciliación, para encaminarnos hacia el pueblo que vio a nacer a uno de los mejores pintores y grabadores que ha dado España, Francisco de Goya y Lucientes, nacido en Fuendetodos, de Zaragoza un 30 de marzo de 1.746 y fallecido en Burdeos el 16 de abril de 1.828.


Fuendetodos, situado a 50 kilómetros de Zaragoza, fue el lugar en el que Goya vio la luz, ya que su padre, nacido en Zaragoza, trabajaba como dorador de cuadros, y en la época en que nació su hijo Francisco, que fue el cuarto del matrimonio, trabajaba dorando el retablo mayor de la iglesia parroquial. Su madre sí era natural de Fuendetodos.

Francisco de Goya, precursor del impresionismo y de las vanguardias modernas, vivió en Fuendetodos hasta la edad de 6 años; muy joven se traslada a Madrid con Francisco Bayeu, con cuya hermana Josefa se casa en 1.773. Bayeu le proporciona un trabajo en la Real Fábrica de Tapices para la que elabora un total de 63 cartones; en 1.789, año del estallido de la revolución francesa, el pintor pasa a serlo de la corte de Carlos IV y es en 1.799 cuando Goya pinta el famoso cuadro de la Familia de Carlos IV. Además de para el rey, Goya pinta cuadros y retratos para la aristocracia, que simultanea con la ejecución de los grabados llamados Los Caprichos, en los que critica la sociedad civil y religiosa de la época; es en esta época cuando pinta los frescos de la iglesia de San Antonio de la Florida de Madrid, en donde reposan sus restos. 

Con la invasión de las tropas de Napoleón a España, Goya realiza una serie de cuadros en los que plasmará los horrores de la guerra, además de dejar testimonio de esa cruenta guerra en la que participan ambos contendientes en la serie de grabados llamados “Los desastres de la Guerra”, realizados entre 1.810 y 1.814.

Con la llegada al trono de Fernando VII Goya cae en desgracia por haber pintado para José Bonaparte, lo que hace que se retire de la vida pública; eso, además de la penosa situación que atravesaba debido a la sordera que padecía desde hace algunos años, hizo que se retirase a su nueva casa llamada La quinta del Sordo, en la que pintó sus paredes con tonos negros, grises y marrones escenas que reflejaban una imaginación fuera de lo común; quedaron 14 murales de temas macabros y terroríficos, conocidas como Las Pinturas Negras. En 1.824 se traslada a Burdeos en donde reside hasta su fallecimiento en 1.828.


Del matrimonio formado por Francisco de Goya y Josefa Bayeu nacieron ocho hijos, falleciendo todos al poco de nacer o siendo muy niños, menos Javier Goya y Bayeu, nacido en 1.784, quien fue el heredero del pintor.

La casa en donde nació Francisco de Goya es una casa sencilla de labradores de tres plantas, con la cocina en la planta baja y un par de habitaciones en la planta superior, y en la que se pueden ver enseres y algún mueble de la época. Fue adquirida en 1.915 por Ignacio Zuloaga, gran admirador del pintor aragonés, para hacer de ella una casa museo y más tarde una fundación para conservar el recuerdo del gran pintor. En 1.982 la casa es declarada Monumento Histórico Artístico Nacional. Muy cerca de la casa se pueden ver reproducciones de algunas de sus obras.

La cocina de la casa en la que nació Goya

Toca comer, naturalmente en el restaurante Los Caprichos, en el mismo Fuendetodos un plato de migas acompañadas de chorizos, morcilla y chistorra, y unas chuletillas de ternasco con patatas panadera y de postre tarta de queso. Comida aceptable aunque han tardado bastante en servir, sobre todo a mí el plato con las chuletillas, porque cuando me lo han querido traes, ya había terminado casi todo el grupo.

Las chuletillas de ternasco que tanto tardaron en servir

Otra vez vuelta al autocar para acercarnos a admirar el monasterio de Veruela, situado hacia el noroeste de la provincia, muy cerca de Borja, ese pueblo que se hizo famoso porque una vecina, Cecilia, intentó restaurar el cuadro de un eccehomo (la representación de Jesucristo herido, con la corona de espinas, a punto de ser presentado ante Pilatos) que se conservaba en el pueblo, y no parece que se pareciese mucho al original. en el camino, muchos molinos eólicos, generadores de energía alternativa.

Llegamos al monasterio de Veruela con un poco de retraso, y la visita que teníamos reservada con la guía del lugar, se tiene que hacer muy deprisa porque ya hay otro grupo esperando para recibir sus explicaciones. Este monasterio, como otros muchos en España, lo habitaron los monjes cistercienses que querían volver a las esencias del cristianismo, a las normas de las que hablaba San Benito de Nursia y que puso en marcha San Bernardo de Claraval.

El cielo parece que se nubla y mientras vamos entrando en el monasterio de Santa María de Veruela, ese gran señorío medieval, con tierras de cultivo, piedra, un molino y agua, es decir, todo lo que se necesitaba para sobrevivir en aquella época y el primero fundado en la corona de Aragón allá por el siglo XII a la vera del Moncayo.

El monasterio de Santa María de Veruela fue fundado por Pedro de Atarés, en el año 1.146, perteneciente a la familia real de la corona de Aragón. Falleció en 1.151 y está enterrado, junto con su madre en el mismo monasterio que fundó.

Entrada al monasterio de Santa María de Veruela

Este monasterio estuvo en funcionamiento desde el siglo XII hasta 1.835, fecha de la desamortización de Mendizábal, que acabó con todas las propiedades que estaban en manos de la iglesia y se vendieron al mejor postor. Hacia 1.875 son los jesuitas los que se hacen cargo de la entidad hasta 1.975 que se hace cargo de ello la Diputación Provincial de Zaragoza. Desde 1.835 el monasterio se convirtió en una hospedería, el destino preferido de los más románticos que hacían allí una parada, respirando los aires del Moncayo para curar sus afecciones respiratorias, como lo hicieron los Hermanos Becquer en 1.863 y 1.864; fue aquí donde Gustavo Adolfo se inspiró para escribir “Cartas desde mi celda”.

Bécquer a su paso por Santa María de Veruela

Rodeados por una muralla de un kilómetro, los monjes se alimentaban de lo que les proporcionaba el huerto, frutas y verduras, en escasas ocasiones comían huevos o pescado, y mucho más raro es que probasen la carne.

Como en todo monasterio, la vida gira en torno al claustro, en este caso un bonito claustro gótico levantino con capiteles decorados con motivos vegetales, como les gustaba a los monjes cistercienses de la época; paseamos por el refectorio o comedor, por los lavatorios en los que los monjes se lavaban las manos y los pies, por la sobria sala capitular, esa sala de reunión de los monjes en la que hablaban y resolvían sus problemas y en la que podemos encontrar varias tumbas de antiguos abades. En esta misma sala capitular era en donde se decidía el nombramiento del nuevo abad de la institución.

Siguiendo la galería del claustro llegamos hasta la iglesia, muy austera sin apenas decoración, porque la consigna cisterciense es que a la iglesia se va a rezar y meditar, y no puedes entretenerte mirando distintas decoraciones. Sin embargo la entrada a la sacristía es un espacio muy barroco, con un techo espectacular, propio del siglo XVII en que fue reformado.

Claustro de Santa María de Veruela

Pasamos por al almacén de los conversos, esas personas que ayudaban en las tareas diarias del monasterio, pero que no llegaban a profesar los votos, ahora convertido en sala de exposiciones de los Hermanos Bécquer.

La guía nos cuenta la historia de un pueblo de la comarca del Moncayo llamado Trasmoz, que todavía conserva vivas las leyendas de brujas y aquelarres de no hace tanto tiempo, alguna recogida por el poeta romántico por excelencia Gustavo Adolfo Bécquer, leyendas publicadas entre 1.858 y1.865, como “La corza blanca” o “El monte de las ánimas”.


Sala capitular de Santa María de Veruela

Una de esas leyendas nos cuenta que en el siglo XIII los habitantes del castillo falsificaban moneda, y para que no los descubriesen hicieron creer a la población local que los ruidos que se escuchaban eran producidos por brujas y hechiceros que forjaban calderos en donde elaboraban pociones mágicas. Trasmoz, pueblo próspero, fue declarado laico y por tanto no sujeto a las leyes y tributos que se debían pagar a la iglesia católica, lo que enfurecía al monasterio de Veruela a cuya comarca quedaba adscrito. Como los rumores de brujas y hechiceros se extendieron a toda la comarca, el abad de Veruela solicitó al arzobispo de Tarazona que excomulgara a todo el pueblo, lo que significaba que no podían confesarse ni recibir los santos sacramentos; el pueblo no se arrepintió y años después el abad de Veruela decidió desviar el curso del río para no tener que pagar al pueblo por ese agua. Antes de que estallase un conflicto entre ambas comunidades intervino el rey Fernando II quien decidió que las acciones del pueblo de Trasmoz estaban justificadas. Y es que Trasmoz es el único pueblo maldito y oficialmente excomulgado por la iglesia católica, excomunión que aún no ha sido revocada y que sigue en pie.

Entrada a la sacristía de Santa María de Veruela

Esta comarca de Aragón está presidida por el Moncayo, el pico más alto del Sistema Ibérico; es una montaña situada entre Soria y Zaragoza, que con sus 2.314 metros de altitud forma parte de la vida de los aragoneses, ya que ha sido considerada como mágica y sagrada desde tiempos inmemoriales. En el Parque Natural del Moncayo viven corzos, jabalíes, el lagarto ocelado, buitres, águilas, y se levantas sobre el suelo encinas y coscojares, carrascas, abedules, pino negro, robles y hayas; y muchas y buenas setas.

Terminada la visita al monasterio nos encaminamos hacia el autocar que nos llevará de vuelta a Zaragoza. El cielo está muy negro, amenaza tormenta y lluvia. Luis, el conductor del autocar hace una maniobra con el autocar para recogernos en la puerta, empieza a chispear, corriendo nos metemos en el bus y el último en hacerlo sube un poco mojado ya.

Moncayo, suyo significado es monte con mucha pendiente, alberga muchos misterios, como lo es que desde 1.968 se hayan caído por esta zona 9 aviones. Puede ser debido a la gran cantidad de hierro que parece ser que hay bajo tierra, puede ser brujería, pueden ser efectos extraños o porque estamos ante las puertas del Infierno, según nos cuenta Jorge, el guía desde el autocar, mientras fuera, llueve a mares.

Emblema del hotel Exe Boston de Zaragoza

Cuando llegamos a Zaragoza a dejado de llover, pero sigue bastante nublado, así que unas cuantas decidimos que quedarnos tomar una cerveza y unas tapas en algún bar cerca del hotel: cervezas y fritura de pescado para entonar el cuerpo, y después una timba a las cartas. Otros deciden ir a cenar al restaurante Windsor, el del amigo de Antonio y probar sus delicias. Día y fin de día muy entretenido.

El domingo 12 de junio promete ser muy interesante porque vamos a uno de esos sitios que nunca me canso de visitar, el Monasterio de Piedra. Después de un desayuno correcto y con las maletas ya listas, subimos al autocar y sobre las 9 de la mañana emprendemos el regreso a Madrid, con parada en el monasterio, a una hora y media de Zaragoza en autocar.

Esta vez nos acompaña Ana, que será nuestra guía en todo el trayecto y lo primero que sabemos de ella es que fue la traductora del escritor Kent Follet cuando visitó estas tierras aragonesas, con cuya visita a Belchite y la presentación de un libro en donde habla del pueblo y la guerra, es cuando se empezó a darle a la historia de la batalla la importancia que se merece.

Josefina a la entrada de la iglesia de San Martín en Belchite

Para salir de la ciudad y antes de coger la nacional II, recorremos varios puntos de interés de la ciudad, como esos paseos estilo francés, pasamos por la plaza Paraíso, en donde se ubica el Museo de Ciencias Naturales y muy cerca, el patio de la Infanta, por la plaza de toros, también llamada “La Misericordia” o “Coso Ramón Pignatelli”, que es una de las plazas de toros más importantes de España, y justo enfrente, el monumento a Agustina de Aragón, aunque realmente ella nació en Cataluña. Muy cerca, la plaza del Portillo en donde se encuentra la iglesia del mismo nombre y es donde están enterradas las heroínas de la guerra contra los franceses. Sin olvidar la bonita Aljafería, actual sede del Parlamento de Aragón; y ese mercadillo de cosas viejas que ponen justo enfrente de la estación de tren de Delicias.

Una hora y media de trayecto en autocar desde Zaragoza al monasterio de Piedra da para que Ana nos cuente muchas cosas de la zona, por ejemplo, que fue en el monasterio de Piedra el primer sitio de España en donde se hizo chocolate. O que el nóbel Santiago Ramón y Cajal nació por estas tierras y que llegó a ser lo que fue por el gran empeño de su padre, ya que el chico era mal estudiante.

Ana nos sigue contando que el aeropuerto de Zaragoza es el segundo de España en transporte de mercancías; de hecho, se ha creado muy cerca de la ciudad el Proyecto PLAZA, por su fácil acceso a la nacional II, aeropuerto y estación de tren, que es una plataforma logística, en donde se ha establecido la fábrica de INDITEX, uno de los mayores grupos de distribución de moda y cuya mercancía se reparte desde este centro a todo el mundo, independientemente del lugar en donde haya sido su fabricación; y CALADERO, empresa de distribución de pescado fresco envasado, que también reparte su mercancía desde esta plataforma zaragozana. Y también podemos encontrar la fábrica de colchones PIKOLÍN, que da trabajo a unos 675 trabajadores, e incluso AMAZON está creando su propio centro en este centro logístico.

Dejamos atrás La Muela con su gran parque eólico y el polígono CENTROVÍA, para acercarnos a una localidad de nombre tan sonoro como La Almunia de Doña Godina; almunia, que significa huerta y doña Godina esa mujer que pagó el coro de madera de la basílica del Pilar y que era dueña de las tierras que ahora ocupan la población. Tiene en la actualidad unos 5.000 habitantes y de aquí son los almunienses.

La Almunia de Doña Godina está rodeada de campos de frutales, que son árboles cada vez más pequeños, según nos cuenta Ana, y es para facilitar que se pueda recoger la fruta más cómodamente sin necesitad de subirse a una escalera. Parece seguir la senda de la evolución de las especies. Existe una importante implantación frutícola, ya que se pueden encontrar por la comarca, manzanos, ciruelos, perales, cerezos, por ejemplo, que conlleva, además, la instalación de fábricas de mermeladas y zumos, y de elaboración de productos derivados de las frutas.

Curiosidades que nos sigue contando Ana es que existen en Aragón cuatro vinos con denominación de origen: Campo de Borja, Calatayud, Cariñena (la más antigua) y Somontano, y que el tren que va de Cariñena a Zaragoza, de finales del siglo XIX, fue el segundo tren que se puso en marcha en España. O que el Papa Benedicto XIII, conocido como el Papa Luna o el antipapa por serlo de Aviñon y no de Roma, nació en un pueblo de Zaragoza llamado Illueca allá por 1.328 y que falleció en Peñíscola en 1.423.

Seguimos en el autocar camino del monasterio de Piedra y atravesamos Calatayud, mientras Ana nos sigue contando historias de su comunidad, como que en Calatayud existe un Museo dedicado a La Dolores (Si vas a Calatayud pregunta por la Dolores...) esa joven enamorada de un amor imposible, porque él estaba estudiando para seminarista y que la mala prensa la convirtió en mujer ligera de cascos porque muchos hombres la pretendían, y que en él se encuentra el baúl de La Piquer y demás objetos relacionados con el mundo de la copla y el cine que dieron vida a La Dolores.

Los naturales de Calatayud son los bilbilitanos, nombre que procede de la antigua Bílbilis, ciudad prerromana y romana perteneciente a la Hispania tarraconense y situada muy cerca de la ciudad.

Atravesamos el municipio de Nuévalos y el pantano de la Tranquera, hasta llegar al Monasterio de Piedra, ese lugar emblemático lleno de agua y naturaleza que casi todos recordamos desde que éramos niños.

El Monasterio de Piedra lo fundan los monjes de Poblet siguiendo las órdenes del císter y por tanto, las normas de San Benito de Nursia. Fue fundado en 1.194 por trece monjes cistercienses y está dedicado a Santa María la Blanca. Se abandonó en 1.835 con la desamortización de Mendizábal y lo compró un particular cinco años después para convertirlo en una hospedería. Ha sido catalogado como Monumento Nacional en 1.983.

Claustro del monasterio de Piedra

El claustro es de un estilo austero típico del císter del siglo XIII, con arcos apuntados y capiteles decorados con motivos vegetales. Del claustro salen las distintas piezas que componían el convento, como la cocina, todavía negra por el humo de la lumbre, el refectorio o comedor, la sala capitular y la iglesia. Y pasamos por la llamada Callejuela negra o callejón de los conversos, que es el pasillo que utilizaban los conversos, esas personas que ayudaban en las tareas del monasterios, para no cruzarse con los monjes.

La iglesia, en la actualidad muy deteriorada, es de un estilo románico tardío del siglo XIII y para su construcción se utilizó piedra caliza muy porosa.

El Parque Natural del Monasterio de Piedra fue adquirido por Juan Federico Muntadas, ese espacio que recorren y atraviesan el río y Piedra y el río Mesa. Un recorrido de unos cinco kilómetros entre árboles centenarios y cascadas que son una delicia en un día de calor. Llama la atención esa cascada llamada La Cola de Caballo por su gran altura, y porque hay que pasar por detrás de ella para poder seguir el recorrido, y después salir empapado y tan fresco, y sobre todo la llamada La Caprichosa, porque desde el siglo XIV se paraban muchos peregrinos ante ella pidiendo un milagro y dice la leyenda que si el destino de la persona que pide el milagro es caprichoso, puede que se cumplan sus deseos.

El grupo cultural ante La Caprichosa

La cascada El Baño de Diana, la cascada Iris, el lago del Espejo, las piscifactorías más antiguas de España en la que nadan tan campantes las truchas, las aves que nos sobrevuelan, Agustín haciendo de Lourdes su muñeca ventrílocua, … no podemos perder detalle en esta bonita visita.

Terminado el recorrido y algo cansados, nos tomamos un refrigerio, compramos algún recuerdo en la tienda y nos disponemos a comer; hoy toca arroz estilo aragonés, que no deja de ser una especie de paella, de segundo no podía ser otra cosa que trucha y de postre un flan de la marca Pascual. No debería estar permitido ofrecer ese dulce de postre a los intrépidos que han sido valientes recorriendo un lugar tan exquisito.

Vuelta al autocar y regreso a Madrid, a donde llegamos cansados y contentos con el viaje, esperando volver pronto a disfrutar de estas rutas culturales que tan pacientemente organiza y nos ofrece Agustín.


Elena Domínguez

Julio 2.022




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